Octubre: SIETE EJERCICIOS BASICOS // Juan Pablo Cambariere


Texto de Carlos Carpintero sobre SIETE EJERCICIOS BASICOS

La filosofía tiene momentos extraños. En el saber vulgar, se la vincula al extravío, al delirio místico. El filósofo es aquel que camina a unos centímetros del asfalto, de acuerdo con un estereotipo. Mirando las estrellas, el infeliz tropieza con la brevedad de lo cotidiano y se hunde en el barro de la cultura popular. "El filósofo carece de sentido común", se dice desde un lugar común. Qué afortunado el filósofo.

La filosofía, como todos los dominios del saber, sube y baja en el mercado de las ideas. Hoy, su valor está depreciado. Más allá de los héroes que por momentos aparecen aquí y allá, aportando algo de cordura y traicionando al sentido común, no es habitual que se haga referencia al calificativo "filosófico" sin un sentido peyorativo. En el Occidente mediático, "filosofía" impresiona como sinónimo de "tedio". No dejo de maravillarme por la eficacia y el cinismo que tiene el Mercado. En tanto la filosofía "re / flexiona" (se vuelve sobre algo) es improductiva en lo inmediato, o acaso puede atentar contra la lógica del consumo, al proponer otro ritmo. El pensamiento, el volver sobre los pasos para estudiar su dirección, la racionalidad y la racionalización, en síntesis, la filosofía, son presentados en el show de las pantallas como los enemigos del entertainment. Actividades de riesgo, no por su poder discursivo, sino por su efecto soporífero, que amenaza con engullirlo todo en un gran bostezo.

No hay tiempo de tomar(se) el tiempo. La realidad es una oferta de Sprayette. Hay que avanzar sin pensar, en un movimiento cíclico, deshumanizante. La ruedita no tiene que dejar de girar, aunque estemos hasta el cuello de patetismo.

Pero hay un detalle. Si lo pensamos bien, no estamos en Occidente. Argentina no es Occidente. Latinoamérica y África no forman parte de Occidente. El tercer mundo no es occidental. Para los gringos, somos algo difuso, al sur. Somos el rain forest y el origen de los burritos, el Sahara y los caníbales, la pasión y la calentura. Somos Rio, los tragos con sombrillitas servidos en una piña, las palmeras desde donde hablan los dictadores. Cuba es otro nombre de Madagascar. Así nos ven ellos. No nos ven. Terrible pavor produce en el argentino el peso de la mirada del otro. 

¿Y cómo nos vemos nosotros? O bien, cabe preguntarse antes: ¿nos vemos como sociedad? ¿Nos creemos el argentum (plata)? ¿O ejercitamos una masticación bovina con pasto de free shop? ¿Extrañamos los noventa? ¿Rumiamos en la definición de nuestra identidad cultural ideas mercadotécnicas que nos vendieron en el aeropuerto de Fort Lauderdale? 

Hay que extrañarse. Los ejercicios sobre civilidad y movilidad de Cambariere proponen, en su dinámica, detener por un momento al que dialoga con ellos. Como en las viejas escuelas, el artista ofrece diferentes instancias. En filosofía, la ciencia lenta que le pesa al Mercado, se denomina "instancia" a una impugnación que se presenta como respuesta a un argumento. Las instancias ponen en cuestión las bases, los fundamentos. Así, logran conmover arquitecturas enteras. Las instancias de Cambariere nos interpelan, nos sitúan sin evaluar respuestas. Porque la respuesta que podemos articular ante la mirada próxima de estos humanoides básicos tiene como fin elaborar nuestra propia interioridad, el particular modo de ser individuo pero a la vez colectivo.

Algo sobre Juan Pablo Cambariere

Juan Pablo Cambariere nació en Buenos aires hace 37 años. Estudió Diseño Gráfico en la UBA y Bellas Artes en la Prilidiano Pueyredón. Trabajó seis años como ayudante del maestro escultor Enio Iommi.
Ha realizado numerosas exposiciones individuales y grupales en Buenos Aires, Berlin, Nueva York, Milan, Roma, Madrid, Barcelona y mas.
Desde fines de los 90 trabaja su “Ensayo sobre el poder”, proyecto escultórico mediante el cual, desde diferentes enfoques, aborda la temática de la dialéctica sociedad/individuo y sus diferentes roles.
Es también un muy reconocido diseñador gráfico editorial, especialmente por sus tapas de libros y discos.
Se enoja y se queja mucho, pero no debería.



1 comentarios:

Anónimo dijo...

que loco. esto me hizo acordar a algo que alguien hace un rato me dijo. ese alguien me retó seriamente cuando le conté que en una excursión, hoy,me paré de la nada en plena calle de capital (la del shopping paseo al corta)con un muchacho q tocaba unos instrumentos de viento, una música muy mística, y me puse a cantar con él. luego de un momento inesperado de arte y un público inolvidable, me ofreció hacer un proyecto musical y me pidió mi número. Y claro q sin si quiera pensar en la posibilidad de mala intención alguna, se lo dí.
Cuando llegué muy contenta a contarle me dijo q estoy loca, q no sé quien es y q hasta podría ser una persona ilegal (por ser extranjero) y q probablemente me iba a hacer daño, para resumir todos los detalles de lo q él suponí me iba a hacer. Bueno, la cuestión es que me dijo que no tengo consciencia, y que tampoco "sentido común" (y eso le jodía)..
Y me dí cuenat q q es inevitablemente verdad.

disculpe si existe lector de esto q escribí si resultó un comentario fuera de foco. Simplemente me recordó a eso, y quice expresarlo..Gracias ...